18 de mayo de 1784

Miércoles lleva 24 horas haciendo gestos como si estuviese espantado.
Moviendo la cabeza de un lado a otro e interponíendose entre la puerta y yo.
No quiero pensar mal de él pero... ¿no estará teniendo un ataque de envidia?

17 de mayo de 1784

Hoy le he dicho a Miércoles que quiero a Bambata.
Ha abierto lo ojos más incluso que aquella vez en la que le estrellé un coco en la mitad de su anatomía.
Qué raro...

16 de mayo de 1784

Hoy he cogido de la mano a Bambata.
Me la ha soltado rápidamente.
Debe ser un gesto que no se estila entre las tribus caníbales.

15 de mayo de 1784

Morag, has sido mi amada durante muchos años.
Pero supongo que ya nunca te volveré a ver.
Adiós Morag. No te olvidaré aunque mi corazón tenga otra dueña.

14 de mayo de 1784

¿A quién quiero engañar?
Jamás saldré de esta isla.
Tengo que pensar en mí mismo. Tengo que empezar a vivir con lo que tengo.

13 de mayo de 1784

Se llama Bambata.
Y tiene unos ojos preciosos.

12 de mayo de 1784

Hoy, cuando Miércoles y su amiga se han adentrado en la selva buscando un poco de intimidad, la otra chica y yo nos hemos quedado solos.
No podemos hablar por diferencias idiomáticas evidentes pero me ha sonreído.
O, bueno, casi me ha sonreído.

11 de mayo de 1784

Hoy hemos vuelto a quedar con ellas para pasear.
Bueno, con ellas no. La de Miércoles es otra y yo diría que, como siempre, más guapa que la de ayer.

10 de mayo de 1784

Hoy, paseando con Miércoles, han aparecido dos chicas de su tribu.
La más alta y bella era una de las novias de mi compañero.
La otra no estaba mal.

9 de mayo de 1784

Aquí todo es muy solitario.
Cuando no tienes esperanza sólo te quedan las ilusiones.


Y vivir de ilusiones no es propio de una mente racional.

8 de mayo de 1784

La tapa del baúl ha vuelto a su sitio.
(Para una vez que tengo una afición en la que soy mejor que Miércoles...)

7 de mayo de 1784

¿A quién quiero engañar? Esta vida no es seria. ¿Qué pensaría mi madre si me viese?
¿De verdad alguien querría dedicarse a esto el resto de mi vida?


La vida de verdad es trabajar de sol a sol. Y si puede ser con un capitán explotador que grite, mucho mejor.
Lo que tenía antes de caer en esta maldita isla sí era una vida.

6 de mayo de 1784

Me paso el día de playa en playa. Sintiendo el sol el mar y el viento sobre mi cuerpo. Con la fiebre de buscar  mejores olas.

5 de mayo de 1784

Volvemos a la cabaña.
Creo que mi vida tiene un fin.
Olas, tapa, espuma...

4 de mayo de 1789

Gracias a mi compañero que me ha acompañado (él ha sido el que ha cargado con la tapa del arcón) he podido cabalgar sobre esa ola.
Desde ahora le llamaré El Gran Miércoles.

3 de mayo de 1789

Me he deslizado sobre lo que yo llamaría la ola perfecta.
¿Cómo describir la sensación?
Plenitud

2 de mayo de 1784

Estoy cruzando la isla entera. Ahora estoy en lo alto del risco.
En la zona sur he visto una rompiente con la mejor ola de derechas que he visto jamás.
Espero llegar mañana.

1 de mayo de 1784

Hoy he estado en el norte.
Necesito buscar más sitios para probar otras olas.

30 de abril de 1784

He estado en el rompiente del sudeste.
La olas eran tan grandes que había momentos en los que me envolvían.
Era como estar en un tubo de agua.

29 de abril de 1784

Creo que voy dominando el tema.
Lo malo es que de tanto darme el sol tengo la piel muy morena y el pelo se me ha quedado rubio rubio.
Mañana iré a otra playa de la isla donde el mar está más movido.

28 de abril de 1784

Para evitar ir hasta la orilla a buscar la tapa le he atado una cuerda y me la he unido a mi tobillo.
¡Menudo invento!

27 de abril de 1784

Definitivamente voy mejorando.
Me pongo completamente de pie y voy dirigiendo la tapa a donde yo quiero.

26 de abril de 1784

Me estoy perfeccionando.
Ya me pongo casi de pie en la tapa.

25 de abril de 1784

He cogido la tapa del arca de los libros.
Me he adentrado en el agua y he estado cogiendo las olas encima de ella.
Tumbado al modo pelícano.

24 de abril de 1784

He estado contemplando a los pelícanos.
Aprovechan el impulso de la olas y se dejan arrastrar por ellas hasta llegar casi a la orilla.

23 de abril de 1784

A ver este otro...

Recetas con canela en rama.

¡Mecachis!

22 de abril de 1784

A ver este otro...
Juegos de cartas Volumen II. (La brisca, el tute, el poker abierto...)

En el índice pone que el volumen I era de Solitarios.

Ni en esto tengo suerte

21 de abril de 1784

Entre los libros por mi hallados,
el mar ha tenido a bien
depositar en mis manos,
un maravilloso volumen
de poesía. Un tratado.

20 de abril de 1784


Esto de polinizar lo voy a dejar para las flores.
(Y para Miércoles ese sí que poliniza).

19 de abril de 1784

Mi sueño de crear una nueva especie de mejillón gigante han resultado un terrible fracaso.
Ahora Miércoles me mira mal, el loro me rehuye y tengo un enorme escozor al orinar.

18 de abril de 1784

Quiero un mejillón más grande, con más carne para comer y con la concha más dura para serrar y cavar.

17 de abril de 1784

He encontrado en el libro algo que me parece muy interesante.
Si polinizo una rosa de la variedad Glastonbury con una Golden Celebration obtendré una Oxford Galant.

16 de abril de 1784


Cuando llevaba varias horas intentando ajustar la marcha del reloj me he dado cuenta de una cosa.
No tengo patrón. No tengo mujer. No tengo responsabilidades.
¿Para qué diantres querría yo un reloj?
Espero que algún material me sirva para un alambique nuevo.

15 de abril de 1784

¿Es cosa mía o este reloj atrasa?

14 de abril de 1784

Ya está.
A partir de hoy sabré en qué hora vivo.

13 de abril de 1784

Decidido. Comenzaré a construir un reloj de sol.

12 de abril de 1784

En un arca he encontrado varios libros.
Algunos no se han echado a perder totalmente por el agua.
Hay uno que me parece muy interesante. Es un manual para construir cosas.

11 de abril de 1784

Como esta vez el naufragio ha sido real, la costa está llena de restos.
He empezado a recoger los que parecen más interesantes.

10 de abril de 1784

Obviamente el cadáver del timonel me lo he quedado yo.
Después de pasarme 14 horas arreándole con el tallo de la hoja de una palmera seca me he cansado.
Ahora cuelga de sus genitales boca abajo entre dos palmeras. Estoy esperando a los cuervos tropicales para ver cómo le sacan los ojos.

9 de abril de 1784

Miércoles llevó el mensaje a sus destinatarios.
El festín que se están dando los caníbales es de órdago.
Toda la isla huele a torreznos.

8 de abril de 1784

Cuando llevaba doce fosas con sus correspondientes cadáveres y la concha de mejillón ya no daba más de sí, me rendí y opté por una solución rápida.
Llamé a Miércoles y le di un mensaje.

7 de abril de 1784

Allá vamos.
Empieza la tarea de enterrar cadáveres.
¿De qué me suena esto?

6 de abril de 1784

Algo me olió mal al ver que Crosseye continuaba como timonel.
Esta vez nos hemos comido la escollera con toda la proa y, si me apuro, de amura a aleta y viceversa.
Milagrosamente, he conseguido llegar a la playa a salvo.

5 de abril de 1784

Embarcamos.
Adiós maldita isla. Espero que una ola gigante venga y te sepulte en lo más profundo de una fosa abisal.

4 de abril de 1784

Cuando acabaron de reírse se pusieron a buscarme pero no me encontraron.
Hace unos días, mientras navegaban por la zona, decidieron hacer acopio de agua en esta isla y de paso mirar si yo estaba por aquí.
Mañana partiremos. En cuanto recalemos en puerto me uniré a otra tripulación.

3 de abril de 1784

Al parecer, no hubo naufragio, todo se trató de una broma.
Yo estaba dormido y todos comenzaron a gritar: "¡Escollera! ¡Nos hundimos! ¡Sálvese quien pueda!" Mientras golpeaban cazos y toneles.
Yo salté por la primera escotilla que vi. Dicen que al grumete O'Hara se le estalló una tripa de la risa y estuvo a punto de morir.

2 de abril de 1784

Estoy de una mala leche tal que podría matar a toda la tripulación con los dientes 123 veces.
Es la Grimalda. Y nunca se hundió.
Normal, que no encontrase ni restos del naufragio, ni cadáveres.

1 de abril de 1784

No me lo puedo creer. No es un sueño. Es el Grimalda y acaba de fondear en una cala cercana. 

31 de marzo de 1784

Hoy, al atardecer, me he imaginado en el horizonte la silueta del Grimalda, el barco que me trajo hasta aquí.

30 de marzo de 1784

He adquirido dos conocimientos:
  1. No hacer más tonterías. Si quiero comida, me la buscaré yo. Si quiero un harem, me lo imaginaré yo
  2. En mi vocabulario hay nuevas palabras cuyo significado desconozco. Resolución, polígonos, píxeles por pulgada, renderizado, alta definición, 3D...

29 de marzo de 1784

Ayer sucedió algo rarísimo.
Todo se puso negro. Luego todo se rodeó de rayas horizontales y verticales. Después fueron apareciendo las siluetas de la isla. Luego las del mar. Luego las de las palmeras. El cielo. Y cada vez, cosas más pequeñas y aparecía el color. Aparecí de nuevo en la cabaña. 
Ahora parece que todo tiene más detalle y los movimientos son más fluidos.

XX-XX-XXXX

CTRL+ALT+ESC

27 de marzo de 1784

Llevo dos días aquí y el sonido y la situación me están volviendo loco.
No aguanto más.

26 de marzo de 1784

Ayer, aún en G-O-D-M-O-D-E, al cruzar entre una piedra y una hondonada en el límite de la isla, me he quedado atrapado. No puedo salir. He probado a saltar a dar patada, agacharme, echarme a tierra, pero todo es inútil.
Además hay un sonido ensordecedor. Como de golpes muy seguidos y muy agudos.

25 de marzo de 1784

He ido a la cabaña de una preciosa salvaje.
Me he dado cuenta que si atravieso palmeras, rocas y cabañas, también paso a través de las personas.

Mi proyecto de harem se va al mismo sitio al que se han ido todos los proyectos que he hecho en mi vida.

24 de marzo de 1784

He puesto G-O-D-M-O-D-E. Ahora puedo hacer de todo. Nunca tengo hambre ni me hago daño. Incluso puedo quedarme debajo del agua media hora como si nada.
Tengo una forma rara de andar. No muevo las piernas y lo atravieso todo.
Mañana, después de matar a todos los hombres de la tribu caníbal, me quedaré con las mujeres y montaré un harem. 

23 de marzo de 1784

Sigo descubriendo cosas.
Si escribo un pergamino con todas las letras y a continuación pulso O-B-E-L-I-X, aparece un jabalí guisado en la cabaña. Si aprieto B-I-G-C-A-S-T-A-W-A-Y. Me hago grande. Más aún que Miércoles. Si escribo A-Z-T-E-C-A, de repente llevo una camiseta que pone Mexico-86. Si pongo F-R-O-N-T-A-L-N-U-D-I-T-Y, todos en la isla vamos desnudos. Hasta el loro. 
Por cierto, si pongo M-O-N-T-Y-P-A-R-R-O-T, el loro se queda rígido y se cae a peso.

22 de marzo de 1784

Ayer, nadando cerca del islote, me di cuenta de que si lo rodeaba, me subía sobre él, saltaba dos veces y giraba sobre mí, sonaba el carillón. Pero no vi que pasase nada, así que lo repetí varias veces.
Cuando llegué a la cabaña estaba llena de comida. 

21 de marzo de 1784

Si voy hasta la tercera palmera, le doy 5 patadas y salto dos veces encima de un coco, del cielo cae una bolsa que tiene dibujada una ese mayúscula cruzada por dos líneas verticales. Al caer hace un ruido como de carillón.
Cosa más rara...

20 de marzo de 1784

Yo pensaba que el loro, al que había matado de un susto, estaba muerto, fallecido, tieso, panza arriba, difunto, expirado, fiambre, privado de vida, descansando en paz, criando malvas, fenecido, ya no existía, había palmado, había ido a encontrarse con su creador, la había espichado, se había producido su óbito, estaba con el telón bajado y en el coro invisible, era un ex-loro.
Pero al parecer estaba descansando o aturdido o cansado o hecho polvo o añorando los fiordos o durmiendo boca arriba o tenía morriña. 

19 de marzo de 1784

Me disponía a dar un golpe en la nuca con un palo a Miércoles, cuando el loro se ha levantado súbitamente.
Por fin sentí algo.
Un susto de muerte.

18 de marzo de 1784

Ayer maté al loro.
No sentí nada.
Voy a probar a matar a Miércoles.

17 de marzo de 1784

Voy a matar al loro.
Por diversión.

16 de marzo de 1784

Si todo es indiferente. Si Dios no existe o, al menos, no en esta isla.
¿Por qué no hacer el mal en vez del bien?

15 de marzo de 1784

Aunque me quejo mucho, a veces pienso que mi vida no es más inútil e innecesaria que la de cualquier otro.
Nacer o morir es indiferente.

14 de marzo de 1784

Ayer nos tocó enterrarla.
Como estaba en una posición tan retorcida nos costó cavar una fosa a la medida.

13 de marzo de 1784

Hoy, extrañamente, Miércoles estaba triste.
Me ha dicho que la salvaje se murió de risa ayer por la noche.
Encima me siento culpable.

12 de marzo de 1784

Ayer me acerqué hasta el otro lado de la playa.
No era mi imaginación. Allí estaba. Tirada en el suelo llorando de risa.
Hija de p

11 de marzo de 1784

Hace ya dos días y la sigo oyendo reír.
Supongo que será mi imaginación.

10 de marzo de 1784

La historia relatada es breve.
Miércoles me lleva ante la salvaje. (Impresionante mujer en mi opinión). Yo, para causar una buena impresión, inmediatamente me desprendí del taparrabos, emulando a Miércoles.
La Impresionante comenzó a reír como si acabase de inventar la carcajada. Salí corriendo y aún al otro lado de la playa, oía sus risotadas.

9 de marzo de 1784

Ayer he sentido la vergüenza más grande de mi vida.
Más aún que aquella vez en la que un salvaje de una isla perdida en medio del océano me pilló practicando el vicio solitario mientras él mantenía relaciones con una salvaje.

8 de marzo de 1784

Al parecer, los salvajes tienen una visión de la sexualidad muy diferente a la nuestra.
Según he creído entender, a Miércoles le parecen muy normales mis apetitos. Así que parece que hoy se ha citado con dos chicas y una va a ser mi -como decía el suboficial Bouvier- "partenaire".
Estoy exaltado. Creo que puedo ser feliz en esta isla. Voy a darme un baño.

7 de marzo de 1784

Después de diez días evitando a Miércoles, ayer cuando salí de la choza y me dirigía al baño, llegó de pronto, me tocó el hombro y cuando le miré, en su cara seguía dibujada su enorme sonrisa.
Yo esperaba que me partiese las piernas o arrancase dos partes de mí.

6 de marzo de 1784

Efectivamente. Nueve más uno son diez.
He perdido parte de la memoria pero el sentido matemático y el de la vergüenza conmigo siguen.
Intactos.

5 de marzo de 1784

Hoy hace nueve días que no salgo de la choza.

Mañana serán diez.

4 de marzo de 1784

Ni que decir tiene que ver a Miércoles en semejante estado hizo que mi bochorno y mi complejo se hiciesen aún mayores.
La solución tomada fue la misma por la que mi estirpe ha sido recordada durante siglos y siglos.
Salí corriendo.

3 de marzo de 1784

Cuando ya me encontraba fuera de mí y dentro de la casa de M. McDust, llegó mi humillación.
Las ramas súbitamente fueron apartadas ante mí. Y yo, en tan singular postura, me vi escrutado por los amenazantes ojos de Miércoles.

2 de marzo de 1784

Ni que decir tiene que la salvaje con la que se había dado cita mi compañero era otra y superaba en belleza a las dos anteriores.
El estado de mi ánimo era exaltado.
Y lo fue mucho más cuando comenzaron sus escarceos de salvajes.

1 de marzo de 1784

Paso a relatar el motivo de mi embarazo.
Buscando una vía de motivación a mi enjaulado deseo, decidí seguir a Miércoles.
Cuando hubimos llegado, me quedé a una distancia prudencial. En un lugar escondido.

Y con buena visión.

29 de febrero de 1784

Para colmo de mis males este año es bisiesto.
Por lo que mi vergüenza se extenderá veinticuatro horas más.

Padre, ¿por qué no me atizaste hasta matarme cuando les robé el cerdo a los McChopped?

28 de febrero de 1784

Asimismo, el alivio solitario, sin ningún tipo de ayuda visual es lento.
Hasta ahora, como herramienta, usaba mi memoria. Felices momentos pretéritos en la oscura casa de Madam McDust con sus joviales chicas.
Pero esos recuerdos son lejanos y mi memoria flaca.

27 de febrero de 1784

Lo primero que tengo que recordar es que soy un hombre joven. A ratos sano. Y tengo un tipo de necesidades que nadie en esta isla puede aliviar.
Excepto uno mismo.

26 de febrero de 1784

Ayer se produjo el momento más vergonzoso de mi vida.
Superando con mucho al día en que me defequé en la taberna presumiendo de hacer sentadillas delante de la linda hija de los McEllroy.

25 de febrero de 1784

Empiezo a pensar en la superioridad de unas etnias sobre otras.

La mía no sale bien parada.

24 de febrero de 1784

Es un poco vergonzoso de contar pero... ayer volví a seguir a Miércoles.
Descubrí que la salvaje con la que estaba esta vez era otra.
¡Y aún más guapa que la anterior!

23 de febrero de 1784

Si el otro día estaba sin palabras hoy no tengo ni respiración.

22 de febrero de 1784

Juntando las imágenes de un mascarón de proa y el color de la novia de Miércoles he encontrado una definición perfecta.
Diosa de ébano.
Lástima que esa expresión morirá conmigo en esta isla y nunca más será usada. 

21 de febrero de 1784

He visto mascarones de proa menos prietos que la salvaje de Miércoles.

20 de febrero de 1784

Sigo sin dar crédito.
Además, la salvaje no era lo que yo llamaría fea precisamente.

19 de febrero de 1784

Ayer le seguí en silencio. Se metió en la selva en una zona apartada. Supuse que iba a hacer sus necesidades.
Sí. Sus necesidades...
Cuando me acerqué a mirar estaba revolcándose en el suelo con una salvaje.

18 de febrero de 1784

Lo que he visto hoy me ha dejado de piedra.
No me llega la tinta al papel.

17 de febrero de 1784

Como yo solía dormir, nunca me había fijado. Pero se va todos los días.
Mañana le seguiré.

16 de febrero de 1784

No hago más que observarlo.
A la hora en la que yo echo la siesta él se va silbando y luego vuelve con una sonrisa y se pone a dormir durante dos horas.

15 de febrero de 1784

Definitivamente la envidia ha vencido

14 de febrero de 1784

Creo que la parte de envidia está venciendo

13 de febrero 1784

Vivo entre la admiración más exaltada y la envidia más profunda.
Y no sé cómo gestionarlo.

12 de febrero de 1784

No sé por qué extraña razón hoy me ha apetecido regalarle un flor y un manuscrito a Miércoles

11 de febrero de 1784

Ha crecido en mí un terrible complejo.
Como de ser humano inferior o algo así.
Ni lo de mi paisano John Long es comparable.

10 de febrero de 1784

Hoy, aprovechando que Miércoles estaba orinando, me puse junto a él y miré de soslayo.
¡Dios!